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Fue épico

  • Cynthia Benítez
  • 20 ene 2019
  • 7 min de lectura

Cuatro años sin ti y sigues retumbando en mis madrugadas solitarias.

Sus pies se deprendieron del azulejo. La representación del número 10, en el piso donde se encontraba, le recordó su destino: nacer para morir. Se le abrieron las plumas que permanecían ocultas y el rapero surcó el cielo el 20 de enero de 2015, el viaje tenía como objetivo su retorno. La mente explotó contra el pavimento.

Tyrone José González Orama era el verdadero nombre del joven exponente del rap venezolano. Sus seguidores lo conocían como Canserbero. El apodo se originó a partir de palabras en latín; canis “perro”, cerberus “guardián”. La supresión de la “c” por la “s” fue para referirse a “ser”. Cerbero era su animal interior es por eso que se definía como: guardián de ideales y pensamientos; los defendía a mordidas en sus letras.

Entre cigarrillos de mariguana, botellas de cerveza y libros de Nietzsche se conjuraron las letras de Thanatos y Eros. Tyrone González no midió su tiempo en la tierra por los días que transcurrieron desde su nacimiento. 26 años no fue lo que nos heredó, dejó pensamientos nacidos del sufrimiento.

En Caracas, el 11 de marzo de 1988 nació un mesías. Fue considerado así porque por medio de su discurso liberó a su pueblo. “Alguien decía que no siempre lloverá, en cambio siempre, mañana será otro día” era la letra de una canción que salvó de la desesperanza a una madre que vio morir a su hijo en manos del hampa.

Se convirtió en el representante de Latinoamérica del Rap Conciencia; subgénero de la música y cultura hip hop, que se empezó a conocer en los años 70, entre sus principales exponentes se encuentran DJ Kool Herc, Afrika Bambaataa, Grandmaster Flash.

Diversas religiones han creado figuras sagradas que remiten a la naturaleza cíclica. La simbolización del tiempo y la continuidad de la existencia pueden ser ejemplificadas con los uróboros, Quetzalcóatl, el Yin y el Yang, hasta la historia de Jesucristo. Existe un paralelismo entre la leyenda del Dios del Sol y el rapero. La deidad de los mexicas se asemeja al destino de Canserbero salir de la nada y ser el todo, el salvador. Huitzilopochtli mutó en un hombre que al igual que él, habló desde la tragedia.

Mientras él abría los ojos, la población conocía la locura. Robaron tiendas comerciales como muestra de inconformidad por las medidas económicas implementadas por Carlos Andrés Pérez, el entonces presidente del país. Su familia intentó sobrevivir a la falta de dinero y a la violencia generada por el hampa.

En la Grecia antigua, para que una obra teatral fuese considerada como tragedia tenía que centrarse en las peripecias dolorosas de la vida humana: el hombre frente a la muerte. La primera batalla que tuvo que enfrentar Tyrone fue a los 9 años de edad. Leticia Orama, su madre, se detuvo como el crecimiento de su patria, el corazón le dejó de latir.

“No hay motivo para aceptar lo que no puede ser” se escucha en la canción Ley del hielo, de su primer álbum “Vida”. Es la declaración de un niño que se quemó y ardió en la tristeza de no ver a su mamá. El Dios del Sol salió del vientre de Coatlicue para salvarla. Canserbero hubiera preferido decapitar antes que perder a Leticia.

Al mismo tiempo que lidiaba con la ausencia de su madre, se enfrentó al abandono de su padre. Recita entre líneas que ya no recibía muestra alguna de afecto de un papá que se ahogaba en alcohol. Palo Alto, un barrio marginal, fue lo crío y quien le enseñó su verdadera guía. Freud mencionó que los seres humanos buscan un ente superior para salvarse de la soledad. La música fue quien fungió como religión del exponente del rap. El sonido armonioso lo rescató.

El teniente coronel Hugo Chávez con su Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 logró dar un golpe de Estado. Lo paradójico de esta este suceso fue que para lograr conseguir la pacificación de un país en llamas, recurrió a la vía violenta. Chávez llegó a la presidencia, en 1999, gracias a un discurso en donde retomó a Simón Bolívar y al Che Guevara, utilizó a los mártires para darle fuerza a la manipulación que ejercería por años.

El rapero no tuvo una espada Vorpal como la de Alicia, ni tampoco una serpiente de fuego, xiuhcóatl, como la que utilizó Huitzilopochtli para combatir a Coyolxauhqui y sus 400 hermanos. A los 11 años de edad, la calle lo dotó de una lengua que cumplía el papel de daga; ágil y afilada. Con ella vociferó muerte y gritó venganza contra un Dios falso que se disolvió de su cosmovisión a la llegada de los principios de melancolía.

El santo Aurelio Agustín, en su libro Confesiones, relata su infancia como una etapa donde predominaba la soberbia, aclaró que era de su preferencia las actividades banales antes que el conocimiento. Al igual que él, Canserbero no había aceptado su destino. El rapero improvisaba con deseos de conseguir dinero, a pesar de que tuviera que cantar “música que sólo hace mover el culo”.

Los placeres superfluos fueron abatidos por un niño. En el caso de Agustín, fue un mancebo el que le mostró la respuesta a sus dudas existenciales, todo estaba en la Biblia. En la vida de Canserbero, el infante que cambió su rumbo fue el asesinato de su hermano mayor.

Tyrone tenía 15 años y a sus espaldas la carga de la muerte de su pariente. El crimen organizado le arrebató la vida a su hermano. El nacimiento prematuro de Huitzilopochtli fue por la rabia que causaron sus hermanos al intentar ejecutarlo, al igual que él, Canserbero cambió de faceta por la violencia de su entorno y formó conciencia. “Si algún día viera al que mató a mi hermano y en mi mano tuviera un arma, de esas que tanto rechazo, puedo yo entonar este himno a mí mismo, cuando estén poniéndome los aros de acero en los brazos”, fue la nueva visión de Canserbero ser un Dios justiciero.

En el punto medular de las historias, los héroes deben afrontar su papel en la historia, aceptar que son ellos los encargados de solucionar los problemas. Las hojas y el lápiz fueron empuñados para cortar las gargantas del hampa. Sus pensamientos confusos e hirientes emanaron de recuerdos encarcelados en la impotencia del hubiera. Defendió con su voz a las víctimas del crimen, lo hizo porque dentro del sufrimiento ajeno dio con los restos de su hermano.

Chávez enarbolaba los valores de la revolución, la población creyó en él. Fue un traidor más. Se convirtió en un dictador que maquillaba la realidad. Joseph Goebbels, propagandista nazi, mencionó que uno de los principios para mantener el control de la gente era silenciar todo argumento que desfavorezca la posición en la que deseas estar y se puede lograr a través de los medios de comunicación afines. El Estado censuró la violencia real que se vivía en Venezuela, el aumento de asesinatos, su incapacidad para parar el hambre.

“Nunca habrá revolución, sin evolución de conciencia”, frase recurrente en varias de sus canciones, el motivo de esta era contraponerse al discurso manipulador que implementaba el gobierno para mantener el status quo, quitar la idea de que el presidente era el salvador. Chávez vendió rebeldía institucionalizada, ideas que entre sí son contradictorias.

Canserbero sostenía que los medios de comunicación se convirtieron en el opio del pueblo. Su música no llegó por medio de disqueras exitosas, las grabaciones fueron hechas en el techo de una casa. Lo que empezó como una sublimación de sus problemas existenciales, se convirtió en miles de descargas en Internet.

Su inconformidad social se manifestó, la lírica que utilizó en la conformación de sus nuevas creaciones fue directa, lo que quería provocar era una cura para una enfermedad que llamó “el hombre oveja”. Lo que había vivido en la calle fue motivo suficiente para difundir su mensaje: “la lectura de literatura te libera de barreras que las grandes esferas procuran”.

Martín Lutero elaboró la Reforma Protestante, por las incoherencias e inconsistencias del manejo de quienes se jactaban de velar por la comunidad de feligreses, se rebeló contra el enriquecimiento de la iglesia católica a costa de los donativos. El rapero logró poner en rimas lo que los gobernantes querían ocultar: lo que pasa en el barrio. Él no combatió contra 400 guerreros, pero sí contra la pasividad de más de 30 millones de venezolanos.

“Venezuela está en candela, mi compadre”: Niños que viven entre cartones y heces; asesinatos al por mayor; jóvenes involucrados con el hampa para satisfacer las necesidades que les fueron negadas: amor, dinero y educación; policías corruptos; prostitución de menores; ajustes de cuentas por venta de drogas; relaciones intrafamiliares tóxicas.

El mesías del Rap Conciencia tras ver los actos violentos de población hizo la siguiente aseveración: “Hermanos, el mundo ya se acabó. No creas en mí, cree en ti, ve tu alrededor. Estamos en tiempo extra, aquí la vida no cuenta”. Sabía que tenía que sacrificarse para encontrar la paz, la inmortalidad. Canserbero mostró su vulnerabilidad al no poder sublimar más el existencialismo.

Tras los logros de las primeras batallas, los héroes atraviesan una crisis que los llena de dudas; ¿quién soy y a dónde voy?. Jesucristo rogó a su padre que parara lo inevitable. Las últimas canciones de Canserbero son sus disertaciones filosóficas, en ellas se repetía una y otra vez “huye que te coge la muerte”, intentaba escapar pero la resolución que obtuvo fue “soy vida y soy muerte, no estoy aquí por accidente”. Aceptó su finitud en la tierra.

Hegel decía que el hombre es verdad mientras sepa más del mundo que lo rodea, en cuanto pueda describir con mayor detalle lo que está ocurriendo, sólo entonces entenderá que su mundo es la construcción que él genera. Canserbero entró en la etapa de negación y se dio cuenta que no hay un ente superior, que en realidad cada uno es su propio Dios. Los hombres son lo que pueden crear y nada más.

La conciencia que adquirió a través de las disertaciones y contradicciones que hacía en su lírica fue lo que le abrió paso a descubrir la finitud de su existencia. En su último disco “Muerte” pronuncia: “El que no tenga algo por que morir no debería vivir”, él ya no tenía por qué vivir, cumplió su cometido contribuir el inicio del apogeo del rap en su país, dejar discípulos que contaran sus hazañas, dejar un legado sin manchas.

Huitzilopochtli y Tyrone González eran guerreros, personajes extraídos de la muerte que cumplieron con su destino. El salto que realizó el 20 de enero de 2015 representó la escena final de su “divina tragedia”. Los seres como Canserbero cambian de forma en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación. Son igualmente un símbolo de purificación, que representa los ciclos de vida y muerte. El instinto de muerte se manifestó como su deseo por la liberación del ser. Se desprendió de lo material para llegar a lo espiritual y formar parte de memoria colectiva del Rap Conciencia.

“Y no se muere quien se va, sólo se muere el que se olvida”

 
 
 

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