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¿Lo has visto?

  • lizhanni
  • 28 abr 2019
  • 5 min de lectura

Estaba enamorada del celular, le hablaba todas las noches y las mañanas. Lo primero que hacía la despertar era revisar las notificaciones, veía las fotografías que él, previamente, le había seleccionado, respondía inmediatamente a cualquier actualización, las redes sociales funcionaron como una forma para poderse comunicarse con él.

Sahily estaba fuera de la sociedad, su único amante era el celular. La biblioteca era su lugar favorito para sus citas; tenía excelente conectividad, se podía perder horas navegando por internet, si en algún momento se le acababa la pila bastaba con conectarse a los enchufes, que estaban cerca de la mesa.

Ella no miraba a otro lugar más que a la pantalla, le era fiel. La biblioteca tenía una vista asombrosa; estaban los campos de fútbol americano, la pista de 3 kilómetros, los pastos para fútbol, pero no había nada que la hiciera apartar la vista de los pixeles.

MT, así le había apodado, le daba el mejor servicio porque su cobertura era idónea. Además, le daba datos extras, y le otorgaba una cámara que tenía excelente resolución, todo para que ella no se imaginara la vida sin él.

Los meses transcurrieron y Sahily no cruzaba la puerta de cristal para respirar aire fresco, su rutina consistía en bajar del carro de su padre, asistir a clases y escabullirse a la biblioteca a mirar fijamente los gráficos de MT.

Un viernes por la mañana, se cancelaron sus clases y ella pensó que no había cosa mejor que pasar sus horas encerrada, entre el olor a humedad y los tosidos de la anciana, que fungía como guardiana de los libros. Se dirigió a su lugar predilecto, sacó su cargador, lo enchufó a su celular y se percató que no estaba marcando el porcentaje de pila, no funcionaba. Intentó con otro de los enchufes, lo mismo, no funcionó. Estaba desesperada y empezó a probar con todos los conectores, nada, uno tras otros rechazaban otorgar energía a MT. Quiso aullar de sentimiento, pero no pudo, a su alrededor sus compañeros la miraban como un bicho raro.

Preguntó a la bibliotecaria que era lo que estaba ocurriendo, ella le dijo que la instalación eléctrica estaba en mantenimiento. Sólo le quedaba el 15% de batería. Sacó cuentas y aunque se fuera en taxi, no sobreviviría la pila.

Minutos más tarde, la pantalla de MT se apagó. Sahily salió corriendo de la biblioteca, cruzó la puerta de cristal y al momento de bajar el último escalón su tobillo izquierdo se dobló. No gritó, le acongojaba que le prestaran atención. Nadie la vio, excepto un chico; de tez blanca con tonos rozados y ojos color miel. Le extendió su mano y le pregunto:

-"¿Estás bien?, ¿vamos a la enfermería?"

Ella sólo negó con la cabeza. El chico extendió su mano, ella la tomó, el chico se disculpó por el sudor que desprendía, ella río. La levanto de un jalón, Sahily se sorprendió de la fuerza del chico; quiso preguntarle su nombre, quiso decirle que el tamaño de sus ojos era fascinante, quiso decirle si tenía algo que hacer en la tarde, pero no pudo.

-"Me llamo Antonio, es una pena que te hayas lastimado el pie, te invitaría a una fiesta pero no creo que puedas moverte, te acompaño a tu camión."

Ella estaba pasmada, no dejaba de pensar que estaba mal quedarse viendo tanto a alguien, pero le parecía inevitable dejarlo de hacer. Antonio se dio cuenta, se sonrojó un poco, pero aparentó que todo era normal.

Llegó la hora de despedirse, Antonio le pidió una pluma y escribió en el brazo de Sahily una serie de números. Le pidió que inmediatamente que llegara a su casa le mandase un mensaje de que estaba bien, ella asintió con la cabeza y se marchó.

Al llegar a su casa, conectó el celular, y lo primero que hizo fue añadir a sus contactos a Antonio, lo hizo a una velocidad impresionante, parecía que tenía miedo que a los números le salieran pies y se escaparan de su piel, para buscar los dedos de su dueño.

En línea, se veía el estado de Antonio.

A Sahily le empezó a latir el corazón al ritmo de los tambores, interpretados por Pako el baterista de Ska-p.

Tecleó un: “Hola, estoy bien, gracias por ayudarme.”

Apretó la pantalla para enviar el mensaje, pero había algo raro, no salía, no marcaba las palomitas, había un reloj en espera de tener conectividad para hacer llegar las letras.

Apagó y prendió su Wifi. Nada. Volvió a prender y apagar el Wifi. Nada. Prendió sus datos y nada.

Antonio estaba en línea, ella volvió a escribir:

-“Me agradaste mucho, quisiera invitarte por un helado.”

Nada, no salía el mensaje. Sahily estaba desesperada, apagó su teléfono y lo dejó cargando. Decidió meterse a bañar y que su celular cargara para ver si MT se dignaba a dejar salir el mensaje.

Se terminó de vestir y prendió el celular. Lo que vio a continuación no tenía ninguna lógica, el número de Antonio ya no estaba, ni los mensajes de salida, ni nada. Quiso buscarlo entre sus contactos, pero todo fue en vano. Los números escritos en su brazo también habían desaparecido, estaba desesperada, no había sentido algo así...o no por una persona real.

Al despertar vio un mensaje de un número anónimo:

-“No lo sigas buscando o él pagará las consecuencias.”

Se asustó, creyó que era un acosador o algo por el estilo, pero al volver a leerlo vio que firmó: MT.

Lunes por la tarde. Después de sus clases buscó por los pasillos a Antonio, preguntó a sus compañeros por él, nadie le daba razones. Caminó hacia las canchas de futbol, pensó que por la complexión del chico bien podía pertenecer al equipo de la preparatoria, así era. Lo vio de lejos y el corazón le cantó, moría de ganas de ver otra vez sus cejas tupidas, en esas estaba cuando le vibró la bolsa izquierda del pantalón, sacó su celular y leyó:

-“Las conversaciones que ha tenido con las otras chicas se harán públicas, las nudes que envió se harán virales, no te acerques más. Att: tu amado MT.”

Le temblaron las piernas, no quería que nada malo le pasara a Antonio, se escabulló a la salida del campo. Antonio se dio cuenta de su presencia y le gritó:

-“¡Espera, Bambi!”

Ella quería correr pero la secuela de su tobillo no la dejó. Él sin previo aviso la sujeto de la cintura y le plantó un beso. El mundo se había prendido, escuchó a los pájaros que había puesto en mute, olió el sudor de Antonio y quedó prendida a su aroma, sus pies se despegaron del pasto y se dejó llevar por la lengua del joven. No necesitaba nada más.

Esa misma tarde formateó a MT, lo aventó a la calle y le dijo a sus papás que se le había perdido el celular. Antonio y Sahily fueron por un helado y se quedaron platicando por horas, parecía que todo podía ir de la chingada pero que todo saldría bien si estaban juntos.

A la semana siguiente Sahily tenía un nuevo celular, agregó a Antonio y hablaron por la noche para desearse dulces sueños. Al día siguiente, un número desconocido le envió SS de las nudes de Antonio acompañadas de un mensaje:

-“No puedes librarte de mí, corazón. Las fotos de él están por toda la web. Nadie nos va a separar. MT.”

Pensó que solo era una broma, pero no era así. Al llegar a la escuela, Antonio no la estaba esperando en el torniquete, ni en las canchas, ni mucho menos afuera de la biblioteca. Se desapareció. No volvió a saber de él.

El amor de Sahily perduró más tiempo de lo que Antonio tardó en salir de la preparatoria. Lo puedes comprobar, en toda la ciudad se leen en carteles pegados en los postes de las calles más transitadas:

¿Has visto los ojos miel de Tlalpan?

¿Has visto a Antonio?

Mándame una carta al C.P. 46500, mi celular no funciona.

 
 
 

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